Lunes, 05 de septiembre de 2005

Su cuerpo espectacular la convirtió en mito erótico a principios de los años 60. La familia se asentó en La Jolla (California) y muy pronto los títulos de belleza empapelaban la habitación de la adolescente. Aunque por su físico estaba abocada a probar suerte en el mundo del espectáculo, su máximo interés a los 17 años era casarse. James Welch, un compañero de estudios del que se enamoró locamente, fue el elegido. Su sueño se cumplió en 1958, nada más alcanzar la mayoría de edad y, desde entonces, Raquel ocultó sus raíces latinas tras el apellido con el que posteriormente se dio a conocer. Cinco años y dos hijos consecutivos; Damon nacido en 1959 y Tahnee un año más tarde, fueron suficientes para dar el matrimonio por terminado. Los trabajos esporádicos que realizó durante los primeros sesenta eran el medio de sacar adelante a su numerosa familia. Trabajó como camarera, chica de tiempo en la televisión local y modelo de lencería y ropa de baño, pero no fue hasta 1962 cuando, ya instalados en Hollywood , su carrera empezó a mirar hacia el cine. Nada más llegar a la ciudad había conocido a Patrick Curtis, un actor infantil, (fue el hijo de Olivia de Havilland en Lo que el viento se llevó) que, reconvertido en manager pronto se ocupó de llevar sus asuntos profesionales y que, tras su primer divorcio, en 1964, pasó a ser su segundo marido. Juntos crearon Curtwell Enterprises, la empresa de representación que cambió la imagen de Raquel Welch. Una portada en la revista Life en la que Raquel mostraba sus curvas en un sugerente bikini blanco, dejó a América sin respiración.
Hoy, sigue sorprendiendo por su imagen, exhibiendo unos esplendidos 65 años gracias al yoga y, sobre todo, a su optimismo.
En 1965, al finalizar el rodaje de Hace un Millón de años en las islas Canarias, Raquel Welch dejó de ser una joven aspirante a actriz dotada de un cuerpo espectacular y una belleza latina para convertirse en un mito erótico que se mantiene hasta nuestros días. El cartel, en el que aparecía enfundada en dos piezas de piel, sirvió para promocionar la película y para escribir su nombre en la lista de Sex-Symbols de las décadas de los sesenta y setenta. Cuando el avión que la trasladó desde las Islas Canarias aterrizó en Londres, la expectación de fotógrafos que se arremolinaban al pie de la escalerilla era tal, que la joven supo que algo iba a cambiar en su vida. Su físico privilegiado había alcanzado con tan solo una foto, lo que años de estudios de ballet e interpretación no habrían conseguido jamás . Después de la confusión inicial, Welch decidió entregarse al nuevo papel vitalicio que acaban de ofrecerle y que durante tres décadas ha sobrellevado con dignidad y mucho sentido del humor.
Jo Raquel Tejada nació el 5 de septiembre de 1940 en una familia acomodada de Chicago. Las raíces latinas de su padre, boliviano de nacimiento de ascendencia española, y las de su madre norteamericana de origen irlandés, fueron una mezcla explosiva que tuvo en Raquel su mejor logro.

Fue elegida: Miss Bella entre las Bellas, Miss Doncella de California, Miss Fotogénica, Miss Silueta y, finalmente, Miss La Jolla y Miss San Diego.

El impacto no tardó en dar sus frutos: la emisora de televisión ABC incluyó a la emergente actriz en el reparto de “Hollywood Palace”, la serie de éxito en el momento en la que Welch daba vida a “Billboard girl” (la chica del póster). Sus primero papeles en el cine fueron meras presencias sin acreditar (apareció junto a Elvis Presley en Roustabout en 1964), hasta que su papel de imponente cavernícola en la prehistoria Hace un millón de años le valió el sobrenombre de “El Cuerpo” (que generaciones después heredó la supermodelo Australiana Elle MacPherson) y la situó en el inestable estatus de las grandes estrellas de su tiempo. Las europeas Brigitte Bardot, Sofía Loren o Claudia Cardinale, eran actrices de probando talento que también acabaron en la categoría de Mitos Eróticos. Por el contrario Welch se situó entre las preferencias del público masculino sin haber demostrado el más mínimo don para la interpretación. Eran años en los que Hollywood se posicionó en contra de la Guerra del Vietnam. La opinión pública era más sensible al pacifismo de Jane Fonda y al cine comprometido que a su espectacular belleza. A pesar de que, como ha declarado en más de una ocasión, nunca se sintió satisfecha con su trabajo, encontró la manera de sobrellevar lo que ella considera “Su destino” y ejerció de belleza oficial durante casi dos décadas. La mediocridad de su carrera cinematográfica no fue un impedimento para que Raquel tuviese una presencia mediática muy importante tanto en EEUU como en Europa.
Su segundo matrimonio comenzó a declinar cuandos los contratos empezaban a ser más escasos y en 1972 se divorció de Patrick Curtis, el marido del que guarda los peores recuerdos y se instaló en Europa, donde su popularidad, le permitió mantenerse.
Especialmente sonada fue su actuación en la televisión española en 1977 donde protagonizó un autentico revuelo con su escasez de vestuario.
La década de los ochenta aportó serenidad a su vida. Andre Weinfeld, un francés algo más joven que ella con quien se casó en 1980, consiguió doblar la duración de sus dos anteriores matrimonios.
Sus hijos Thanee y Damonn, ya mayores, comenzaban su propia andadura (Thanee emprendió una discreta carrera cinematográfica, que tuvo en Cocoon en 1985 su mayor éxito). Raquel acaba de cumplir 40 años y, lejos del declive del que otras estrellas de su generación daban muestras, encontró el culto al cuerpo y el yoga, la nueva filosofía que la ha mantenido joven y la nueva fuente de ingresos con la que ha podido superar la sequía cinematográfica que se avecinaba. A mediados de los ochenta publicó un libro con su programa persona de belleza y ejercicios, en el que cambió los bikinis de años atrás por las mallas de lycra, sin perder nada de su atractivo.
El teatro musical y, concretamente Broadway, le dieron la oportunidad de refrescar sus estudios de ballet para interpretar La mujer del año, en sustitución de Lauren Bacall, con gran éxito de público y criticas benévolas.
Un nuevo divorcio en 1990 terminó con la que parecía su pareja definitiva. Sin embargo nada le impidió volver a casarse, en 1999, esta vez con el propietario de una famosa cadena de restaurantes italianos Richard Palmer. En plena felicidad matrimonial, echando la vista atrás, relacionaba a cada uno de sus cuatros maridos con sus actitudes culinarias: “Mi primer marido no cocinaba.
El segundo debería haber cocinado por que ese hubiera sido su único talento. El tercero, el francés, solo sabía cocinar y nada más.
Solo mi cuarto marido es hábil con las manos… en cuestiones culinarias”.
A pesar de estas declaraciones, en la que su gran sentido del humor no aclara si se refiere a la cocina o al dormitorio, su cuarto matrimonio terminó en agosto del 2003 como los anteriores, aunque de manera amistosa y sin que terceras personas planearan sobre la ruptura. La actriz disfrutaba, poco antes de este fracaso sentimental, de un feliz inesperado revival al volver al cine con dos películas muy diferente: Una rubia muy legal y Tortillas Soup ambas del 2001.
Esta última, dirigida por la española María Ripio, confirma que España ha sido un autentico talismán para Welch: En canarias rodó Hace un millón de años, la película que cambió su carrera, y en Almería, además de una gran lista de espaguetis Westerns, trabajó con Richard Lester en una versión de “Los tres mosqueteros” por la que en 1973 ganó un Globo de Oro, el mayor y único reconocimiento de su larga carrera.
Cuando alcanzó los sesenta años Welch comenzó un paulatino acercamiento a sus orígenes. “Nunca profundicé en mis raíces, me arrepiento y he arrastrado un gran vacío interior por ello”, declaraba.
Esta búsqueda, culminó en agosto del 2002, con su primer viaje a Bolivia, la tierra de su padre, estuvo en la ciudad de Santa Cruz donde asistió al Festival de Cine Iberoamericano y donde descubrió como los bolivianos habían seguido su carrera con especial devoción. Desde entonces aprender español, la lengua que le fue negada de pequeña por voluntad paterna, es uno de sus grandes empeños.
A diferencia de otras estrellas de su generación, Welch es hoy en día una mujer de sesenta y cinco espléndidos años (que ella achaca únicamente a la practica del yoga y a las 6 visitas semanales que realiza al gimnasio), capaz de distinguir entre el persona mítico que hoy aún representa y la mujer que es. No duda en reírse de su propio estatus de Sex-Symbols si se lo proponen: hizo de si misma, en la última de las películas de Agárralo como puedas y en cada uno de los cameos que frecuentemente realiza en series americanas de éxito (Sabrina, Seinfield…). Feliz por primera vez con su propia vida y con sus últimos trabajos, Raquel Welch se considera así misma una superviviente y se enfrenta a su edad con la absoluta convicción de que es mucho peor pensarlo que pasarlo.
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Por: Models Beauty | Noticias | Comentarios (0) | Referencias (0)
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